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EMILIA PARDO BAZÁN Y SUS CUENTOS DE LOTERÍA DE NAVIDAD

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EMILIA PARDO BAZÁN Y SUS CUENTOS DE LOTERÍA DE NAVIDAD

El 12 de mayo se conmemoró el centenario de la muerte de la escritora coruñesa Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 16 de septiembre de 1851- Madrid, 12 de mayo de 1921). Durante todo este año se están realizando actos relacionados con su vida y su obra.

Su labor se desarrolló en diferentes campos: novela, periodismo, ensayo, crítica literaria, poesía, teatro, traducción, edición, conferenciante. Fue la introductora en España del naturalismo. Si hay una obra que conocemos todos, sin duda, es su novela, Los pazos de Ulloa (1886).

También hay que destacar su lucha por los derechos de la mujer, entre ellos, la educación de la mujer como algo fundamental. 

Fue la primera mujer en ocupar una cátedra de literaturas neolatinas en la Universidad Central de Madrid, en 1916. En 1910, fue nombrada consejera de Instrucción pública por Alfonso XIII.

Fue la primera mujer en ser admitida en El Ateneo de Madrid, el 9 de febrero de1905. Un año después fue la primera mujer en presidir la sección de literatura de dicha institución.

Aunque nunca consiguió formar parte de la Real Academia Española.

De su inmensa obra me voy a quedar con dos de sus cuentos: “El décimo” y “El premio Gordo”, incluidos en Arco Iris (1895).

“El décimo” es el más breve y nos narra cómo una “escuálida chiquilla” vendió “el décimo de billete de lotería” a un caballero, asegurándole que se llevaba la suerte. Y escribe doña Emilia: 

“-¿Estás segura? –le preguntó, en broma, mientras deslizaba el décimo en el bolsillo del gabán entretelado y subía la chalina de seda que me servía de tapabocas, a fin de preservarme de las pulmonías que auguraba el remusguillo barbero de diciembre”.

Un texto muy actual por el uso de “tapabocas” o “mascarilla”, pero ahora para evitar la COVID-19. 

Pero volvamos al texto, después de asegurarle, de nuevo, que se llevaba el primer premio, le dijo:

“-Pues, hija –respondí echándomelas de generoso, con la tranquilidad del jugador empedernido que sabe que no le ha caído jamás ni una aproximación, ni un mal reintegro-, no te apures: si el billete saca premio…, la mitad del décimo, para ti. Jugamos a medias”.

Tocó, pero el desenlace del cuento os animo a buscarlo –se encentra fácilmente en internet- y leerlo.

“El premio gordo” es un poco más largo y nos narra los últimos años del último marqués de Torres-nobles de Fuencar. Después de una vida poco ejemplar en Madrid, se retira asu hacienda de Fuencar, única propiedad que no tenía hipotecada. Allí vivirá rodeado de un capellán, un mayordomo o capataz, un cochero, un ama de llaves, un ayuda de cámara y una cocinera.

Allí pronto recuperará latranquilidad y la salud. Consciente del gran servicio de sus criados, para que no lo dejasen, el marqués era generoso en el salario y, de vez en cuando, les sorprendía con alguna sorpresa.

El relato nos lleva a un diciembre frío:

“El mes de diciembre del año pasado, hizo más frío de lo justo, y la dehesa t término de Fuerncar se envolvieron en un manto de nieve como de una cuarta de grueso. Huyendo de la soledad de su gran despacho, bajó el marqués de noche a la cocina del cortijo, y buscando por instinto de sociabilidad invencible, la compañía del hombre, se arrimó a hogar, calentó la palma de las manos castañeteando los dedos, y hasta se rio de los cuentos que con chuscada andaluza referían el capataz y el pastor, y reparó que la cocinera tenía muy buenos ojos. Entre otras conversaciones más o menos rústicas que le divirtieron, oyó que todos sus criados proyectaban asociarse para echar un décimo a la lotería de Navidad.

Al día siguiente, muy temprano, el marqués despachaba un propio a la ciudad próxima, y anochecía cuando el bondadoso señor penetró en la cocina blandiendo unos papeles, y anunciando a sus domésticos, con suma benignidad, que había cumplido sus deseos tomando un billete del sorteo inmediato, billete en el cual les regalaba dos décimos quedándose él con ocho, por tentar también la suerte. Al oír tal, hubo en la cocina una explosión de alegría, con vivas y bendiciones hiperbólicas; sólo el pastor, viejo cano, zumbón y sentencioso, meneó la cabeza, afirmando que el que echaba con señores «espantaba la suerte», de lo cual le pesó tanto al marqués, que condenó al pastor a no llevar ni un real en los décimos consabidos”.

Y la suerte volvió a aparecer en un cuento de Emilia Pardo Bazán. Pero ¿qué hicieron los afortunados?

De nuevo os animo a buscar el cuento y leer el desenlace. 

Loterías y Apuestas del Estado se ha sumado al centenario de la muerte de la gran escritora dedicando la viñeta de su décimo del sorteo 64 (14 de agosto). La imagen elegida es el retrato que le realizó Gustav Wertheimer en 1887.

¿Os animáis a leer y a jugar?

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